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Mapa de DiosAbrir el mapa

Judit

Jdt 8, 1-36

La ciudad de Betulia, rodeada por el ejército asirio, estaba a punto de rendirse. Judit, una viuda que amaba a Dios, rezó, salió de la ciudad con su criada y, con la ayuda de Dios, venció a Holofernes, el general enemigo. Jdt 8, 1-36

Judit: recreación artística

La historia, con nuestras palabras

Judit era una viuda de la ciudad de Betulia. Ayunaba, era muy temerosa de Dios y nadie hablaba mal de ella. Jdt 8, 6-8

Betulia estaba rodeada por el ejército asirio y sin agua. Ozías, el jefe, prometió rendirse si en cinco días no llegaba ayuda. Jdt 8, 9

Judit mandó llamar a los ancianos y les preguntó quiénes eran ellos para poner a prueba al Señor. Jdt 8, 12

Después se postró ante el Señor, con ceniza sobre la cabeza, y le rezó por su pueblo. Jdt 9, 1 Judit salió de la ciudad con su criada, rezando, y…

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Así lo dice la Biblia

Jdt 8, 1-36

1Llegaron estas palabras a oídos de la viuda Judit; la cual era hija de Merari, hijo de Idox, hijo de José, hijo de Ozías, hijo de Elai, hijo de Jamnor, hijo de Gedeón, hijo de Rafaim, hijo de Aquitob, hijo de Melquías, hijo de Enán, hijo de Natanías, hijo de Salatiel, hijo de Simeón, hijo de Rubén: 2y fue su marido Manasés, que murió en los días de la siega de las cebadas; 3pues mientras iba dando priesa a los que ataban los haces en el campo, cayó un bochorno sobre su cabeza, del que vino a morir en Betulia su patria, donde fue sepultado con sus padres. 4Tres años y medio eran ya pasados, desde que Judit había quedado viuda de Manasés: 5y en lo más alto de su casa se había hecho una vivienda separada, donde estaba recogida con sus criadas: 6y ceñida de un cilicio, ayunaba todos los días de su vida, menos los sábados, y novilunios, y otras festividades de la casa de Israel. 7Era Judit hermosa en extremo, y habíale dejado su marido muchas riquezas, y numerosa familia, y posesiones llenas de vacadas y de rebaños de ovejas: 8y todos tenían de ella un grandísimo concepto; porque era muy temerosa de Dios, ni había quien hablase la más mínima palabra en disfavor suyo. 9Esta, pues, cuando entendió que Ozías había prometido que pasados cinco días entregaría la ciudad, 10envió a llamar a los ancianos Cabri y Carmi, 11los cuales vinieron a ella, y les dijo: ¿Qué demanda es esa en que ha consentido Ozías de entregar la ciudad a los asirios, si dentro de cinco días no tenéis socorro? 12¿Y quién sois vosotros, que así tentáis al Señor? 14No es ese el medio de atraer su misericordia; antes bien lo es de provocar su ira y encender su furor. 15Vosotros habéis fijado plazo a la misericordia del Señor, y le habéis señalado día conforme a vuestro arbitrio. 16porque no son las amenazas de Dios como las de los hombres, ni él se enciende en cólera como los hijos de los hombres. 17Por tanto humillemos ante su acatamiento nuestras almas, y poseídos de un espíritu de compunción, como siervos suyos que somos, pidamos con lágrimas al Señor, que del modo que sea de su agrado, nos haga sentir los efectos de su misericordia: para que así como la soberbia de los enemigos ha llenado nuestro corazón de turbación y espanto, así nuestra humillación venga a ser para nosotros un motivo de gloria: 18puesto que nosotros no hemos imitado los pecados de nuestros padres, que abandonaron a su Dios y adoraron dioses extranjeros, 19por cuya maldad fueron entregados a la espada y al saqueo, y al oprobio de sus enemigos: nosotros empero no conocemos otro Dios que a él. 20Esperemos pues con humildad su consolación: que él vengará nuestra sangre de la opresión en que nos tienen los enemigos, y abatirá todas las naciones que se levantan contra nosotros, y las cubrirá de ignominia el Señor Dios nuestro. 24Ahora pues, hermanos míos, ya que vosotros sois los Ancianos o mayores en el pueblo de Dios, y está de vosotros pendiente su alma, alentad con vuestras palabras sus corazones, 25representándoles cómo nuestros padres fueron tentados, para que se viese si de veras honraban a su Dios. 26Deben acordarse cómo fue tentado nuestro padre Abraham, y cómo después de probado con muchas tribulaciones, llegó a ser el amigo de Dios. Así Isaac, así Jacob, así Moisés y todos los que agradaron a Dios, pasaron por muchas tribulaciones, manteniéndose siempre fieles. 27antes bien, considerando que estos castigos son todavía menores que nuestros pecados, creamos que los azotes del Señor, con que, como esclavos, somos corregidos, nos han venido para enmienda nuestra, y no para nuestra perdición. 28A esto le dijeron Ozías y los Ancianos: Todo lo que has dicho, es mucha verdad, y no hay cosa que reprender en cuanto has hablado. 31Ahora, pues, ruega por nosotros, puesto que eres una mujer santa y temerosa de Dios. 32Respondioles Judit: Así como conocéis ser de Dios lo que acabo de decir, así sabréis por experiencia que es de Dios lo que tengo determinado ejecutar: y entretanto haced oración a Dios para que realice mi designio. 33Vosotros esta noche estaréis a la puerta de la ciudad, y yo saldré fuera con mi doncella. Y orad al Señor, a fin de que dentro de los cinco días que vosotros dijisteis, vuelva benigno los ojos hacia su pueblo de Israel. 34Mas no quiero que pretendáis indagar lo que voy a hacer; y hasta que vuelva yo a avisaros, no se haga otra cosa, sino orar por mí a Dios nuestro Señor. 35Díjole Ozías príncipe de Judá: Vete en paz, y el Señor sea contigo para vengarnos de nuestros enemigos. 36Con esto, despidiéndose, se retiraron.

Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.

Para leer juntos

  1. Judit les dijo a los jefes que no le pusieran plazos a Dios. ¿Te ha pasado querer que Dios responda a tu manera?
  2. Judit rezó antes de actuar y alabó a Dios después. ¿Qué nos enseña eso?
  3. Para el niño: ¿qué significa para ti ser valiente?

¿Quiénes salen?

Judit.

¿Y luego qué pasó?

Los Macabeos y la luz del Templo

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