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Pedro habla y tres mil se bautizan

Hch 2, 14-41

El día de Pentecostés, Pedro se puso de pie y habló a la gente de Jesús. Dijo que Dios lo había resucitado y lo había hecho Señor y Mesías. Unas tres mil personas se bautizaron ese día. Hch 2, 14-41

Pedro habla y tres mil se bautizan: recreación artística

La historia, con nuestras palabras

Entonces Pedro se puso de pie con los otros once apóstoles y habló en voz alta a toda la gente. Hch 2, 14

Les dijo que los apóstoles no estaban borrachos, porque era muy temprano: hacia las nueve de la mañana. Hch 2, 15

Les explicó que se estaba cumpliendo lo que había anunciado el profeta Joel: que Dios derramaría su Espíritu sobre todos. Hch 2, 16-17

Luego les habló de Jesús de Nazaret y de los milagros que Dios había hecho por medio de él. Hch 2, 22 Les recordó que Jesús había muerto en una…

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Así lo dice la Biblia

Hch 2, 14-41

14Entonces Pedro presentándose con los once apóstoles, levantó su voz y les habló de esta suerte: ¡Oh vosotros judíos, y todos los demás que moráis en Jerusalén! estad atentos a lo que voy a deciros, y escuchad bien mis palabras. 15No están estos embriagados, como sospecháis vosotros, pues no es más que la hora tercia del día; 16sino que se verifica lo que dijo el Profeta Joel: 17Sucederá en los postreros días (dice el Señor) que yo derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; y vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros Ancianos revelaciones en sueños. 18Sí por cierto: yo derramaré mi Espíritu sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días, y profetizarán: 19yo haré que se vean prodigios arriba en el cielo, y portentos abajo en la tierra, sangre, y fuego, y torbellinos de humo. 20El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que llegue el día grande y patente del Señor. 21Entonces todos los que hayan invocado el nombre del Señor, serán salvos. 22¡Oh hijos de Israel! escuchadme ahora: A Jesús de Nazaret, hombre autorizado por Dios a vuestros ojos, con los milagros, maravillas y prodigios que por medio de él ha hecho entre vosotros, como todos sabéis; 23a este Jesús, dejado a vuestro arbitrio por una orden expresa de la voluntad de Dios, y decreto de su presciencia, vosotros le habéis hecho morir, clavándole en la cruz por mano de los impíos; 24pero Dios le ha resucitado, librándole de los dolores o ataduras de la muerte, siendo, como era, imposible quedar él preso o detenido por ella en tal lugar. 25Porque David en persona de él decía: Tenía siempre presente al Señor ante mis ojos, pues está siempre a mi diestra, para que no experimente ningún trastorno: 26por tanto se llenó de alegría mi corazón, y resonó mi lengua en voces de júbilo, y mi carne reposará en la esperanza. 27Que no dejarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que el cuerpo de tu Santo experimente la corrupción. 28Me harás entrar otra vez en las sendas de la vida; y colmarme has de gozo con tu presencia. 29Hermanos míos, permitidme que os diga con toda libertad y sin el menor recelo: el Patriarca David muerto está, y fue sepultado; y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. 30Pero como era Profeta, y sabía que Dios le había prometido con juramento que uno de su descendencia se había de sentar sobre su trono, 31previendo la resurrección de Cristo, dijo, que ni fue detenido en el sepulcro, ni su carne padeció corrupción. 32Este Jesús es a quien Dios ha resucitado, de lo que todos nosotros somos testigos. 33Elevado pues al cielo, sentado allí a la diestra de Dios, y habiendo recibido de su Padre la promesa o potestad de enviar al Espíritu Santo, le ha derramado hoy sobre nosotros del modo que estáis viendo, y oyendo. 34Porque no es David el que subió al cielo; antes bien él mismo dejó escrito: Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi diestra, 35mientras a tus enemigos los pongo yo por tarima de tus pies. 36Persuádase pues certísimamente toda la casa de Israel, que Dios ha constituido Señor y Cristo a este mismo Jesús, al cual vosotros habéis crucificado. 37Oído este discurso, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Pues, hermanos, ¿qué es lo que debemos hacer? 38A lo que Pedro les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39Porque la promesa de este don es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que ahora están lejos de la salud, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro. 40Otras muchísimas razones alegó, y los amonestaba, diciendo: Poneos en salvo de entre esta generación perversa. 41Aquellos pues que recibieron su doctrina, fueron bautizados; y se añadieron aquel día a la Iglesia cerca de tres mil personas.

Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.

Para leer juntos

  1. Pocas semanas antes, Pedro había tenido miedo de decir que conocía a Jesús. ¿Qué crees que cambió en él?
  2. La gente preguntó qué tenía que hacer. Si tú hubieras estado allí, ¿qué le habrías preguntado a Pedro?
  3. Para el niño: ¿sabes cuándo te bautizaron? Pídele a tus papás que te cuenten cómo fue ese día.

¿Quiénes salen?

Pedro, Jesús.

¿Y luego qué pasó?

La primera comunidad

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