Naamán se baña en el Jordán
2 Re 5, 1-19
Naamán, general del rey de Siria, tenía lepra. Una muchacha de Israel que servía en su casa dijo que un profeta podía curarlo. Al principio Naamán se enojó, pero se bañó siete veces en el Jordán, quedó limpio y reconoció al Dios de Israel. 2 Re 5, 1-19

La historia, con nuestras palabras
Naamán era el general del ejército del rey de Siria. Era valiente y rico, pero tenía lepra, una enfermedad grave de la piel. 2 Re 5, 1
En su casa servía una muchacha de Israel que los sirios se habían llevado. Ella le dijo a la esposa de Naamán que el profeta de Samaria lo curaría. 2 Re 5, 2-3
El rey de Siria envió a Naamán con una carta para el rey de Israel. Al leerla, el rey de Israel rasgó su ropa y dijo que él no era Dios para curar a nadie. 2 Re 5, 5-7
Eliseo, el hombre de Dios, se enteró y le mandó decir al rey que le enviara a Naamán. Así Naamán sabría que había un profeta en Israel. 2 Re 5,…
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2 Re 5, 1-19
1Naamán, general de los ejércitos del rey de Siria, era un hombre de gran consideración y estima para con su amo; pues por su medio había el Señor salvado la Siria: y era un varón esforzado y rico; pero leproso. 2Habían salido de Siria guerrillas, y cautivado en tierra de Israel a una doncellita, que entró después a servir a la mujer de Naamán, 3la cual dijo a su señora: ¡Ah, si mi amo fuera a verse con el profeta que está en Samaria! Sin duda curaría de la lepra. 4Oído que hubo esto Naamán, entró a ver a su señor, y diole parte, diciendo: Esto y esto ha dicho una doncella de tierra de Israel. 5El rey de Siria le respondió: Anda en hora buena; que yo escribiré al rey de Israel. Partió pues llevando consigo diez talentos de plata, con seis mil monedas de oro, y diez mudas de vestidos; 6y entregó la carta al rey de Israel, escrita en estos términos: Por esta carta que recibirás, sabrás que te he enviado a Naamán, mi criado, para que le cures de su lepra. 7Leído que hubo la carta el rey de Israel, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo por ventura Dios, que pueda quitar y dar la vida, para que este me envíe a decir que yo cure a un hombre de la lepra? Reparad, y veréis cómo anda buscando pretextos contra mí. 8Lo que habiendo llegado a noticia de Eliseo, varón de Dios, esto es, que había el rey de Israel rasgado sus vestidos, envió a decirle: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que venga ese hombre a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. 9Llegó pues Naamán con sus caballos y carrozas, y parose a la puerta de la casa de Eliseo. 10Y enviole a decir Eliseo por tercera persona: Anda, y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne recobrará la sanidad, y quedarás limpio. 11Indignado Naamán, se retiraba diciendo: Yo pensaba que él hubiera salido luego a recibirme, y que, puesto en pie, invocaría el nombre del Señor Dios suyo, y tocaría con su mano el lugar de la lepra, y me curaría. 12Pues qué, ¿no son mejores el Abana y el Farfar, ríos de Damasco, que todas las aguas de Israel, para lavarme en ellos y limpiarme? Como volviese pues las espaldas, y se retirase enojado, 13se llegaron a él sus criados, y le dijeron: Padre, aun cuando el profeta te hubiese ordenado una cosa dificultosa, claro está que debieras hacerla; ¿pues cuánto más ahora que te ha dicho: Lávate, y quedarás limpio? 14Fue pues, y lavose siete veces en el Jordán, conforme a la orden del varón de Dios, y volviose su carne como la carne de un niño tierno, y quedó limpio. 15Volviendo en seguida con toda su comitiva al varón de Dios, se presentó delante de él, diciendo: Verdaderamente conozco que no hay otro Dios en todo el universo, sino solo el de Israel. Ruégote pues, que admitas este presente de tu siervo. 16Mas él respondió: Vive el Señor Dios, ante cuya presencia estoy, que no le recibiré. Y por más instancias que le hizo, de ningún modo quiso condescender. 17Al fin dijo Naamán: Sea como tú quieres: pero te suplico que me permitas a mí, siervo tuyo, el llevarme la porción de tierra que cargan dos mulos; porque ya no sacrificará tu siervo de aquí adelante holocaustos ni víctimas a dioses ajenos, sino solo al Señor. 18Mas una cosa hay solamente por la que has de rogar al Señor a favor de tu siervo, y es que cuando entrare mi amo en el templo de Remmón para adorarle, apoyándose sobre mi mano, si yo me inclino en el templo de Remmón, para sostenerle al tiempo de hacer él su adoración en el mismo lugar, el Señor me perdone a mí, siervo tuyo, este ademán. 19Respondiole Eliseo: Vete en paz. Partió pues Naamán; y era entonces la mejor estación del año.
Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.
Para leer juntos
- Una muchacha que vivía lejos de su casa quiso que su amo se curara. ¿Qué te dice eso de ella?
- Naamán esperaba algo espectacular, y le pidieron algo sencillo. ¿Te cuesta a veces hacer lo sencillo?
- Para el niño: ¿alguna vez te enojaste porque algo no salió como querías?